1/06/2010


FREDDY  AYALA  PLAZARTE
 (Latacunga, 1983)


SEGUNDA MENCIÓN EN EL CONCURSO NACIONAL DE POESÍA JOVEN
ILEANA ESPINEL CEDEÑO C. C. E. GUAYAS, 2010


Comunicador Social por la Universidad Central del Ecuador. Estudia becado en la Universidad Andina “Simón Bolívar” una Maestría en Estudios de la Cultura con mención en Artes y Estudios Visuales. Miembro del colectivo literario la.kbzuhela de Quito. Ha publicado en poesía: Zaratana (2007), Kamastro de Matuta (2009). Con el apoyo del Taller Cultural Retorno de la ciudad de Quito ha publicado un breve ensayo: La metálica luminosa acerca de la imagen poética en la vanguardia de Hugo Mayo, K-Oz editorial (2010). Consta en antologías nacionales e internacionales. Sus ensayos han aparecido en revistas de Puebla y Veracruz-México. Obtuvo el Segundo Premio en el Concurso Nacional de Poesía “Bienal de juegos florales” Ambato (2010). Mención de Honor en el concurso de Poesía “Ileana Espinel Cedeño” CCE, Guayas, (2010) entre otros.

CEREMONIA 1


secuelas del espejo


Aunque la sonrisa de un niño desaparece en los vidrios del océano
tropiezo donde los juguetes
aún conservan huellas digitales


Internado en habitaciones blancas
evadiendo la lumínica frialdad de un revólver
tañido por los perdigones del atardecer
en las rieles encuentro un zapato
con un bucle de bigotes


Y calla la mansedumbre
porque cerca del ocaso les crecen más arrugas
cubierta de yeso
está la trenza de una geisha
y sobre un madero sus uñas
ya carcomidas por el estiércol de los pájaros
el síntoma de la espera




CEREMONIA 2


el síntoma de la espera


En la esquina de un cuarto postrado el mar
el cerámico avance del pelo
hacia los candados


Un erizo se siente
minuendo ante la corta duración de una palabra
mientras las pisadas serpentean lo callado de una montaña
sin rumbo una cometa
declina
entre
las pirámides de un niño
empalizados sus talones en el piso
refugios de ojeras falseando la memoria
y la escama se mueve en la almohada
y patalea el viscoso discípulo del ojo


Y aún así vigilo al difunto
en la advertencia de los mármoles
yendo
hacia
atrás
para despintar su futura angustia
y solo teniendo la imagen de un tornasol
hincado en las autopistas de arena
con una veterana promesa
evadiendo al q-u-i-n-t-o atardecer de cada domingo


Dentro de un kimono enloquecen
los números romanos
un moño acumula más trenzas en su interior
el silencio abatido por un par de aretes


Y dos canicas en su constante retorno
miden a distancia del olvido
y dialogar con el mismo horizonte
antes de perder la noción de lo ausente
boca abajo escuchar una muchedumbre de ácaros
y arrimado a la cebada
desprender más rostros ante la fogata




CEREMONIA 3



tres edades en raya


Asiste una niña al apareamiento de sus trenzas
desbarata cada uno de sus lunares
atrás de la vidriera el jeroglífico de sus ojos
reinventa el pupitre la ausencia de los puntos
vigía del ayer
en monasterios
con sus dedos articula estatuas de plastilina
y el esmalte de otro amanecer supura desmemoria en una imagen


Pedalea su fémur
hacia un pluscuamperfecto horizonte
t-r-e-s rajas de leña antes del amanecer
solo en el fuego se notan sus ojeras
t-r-e-s edades oxidan la duda
y su telúrico pie izquierdo saltando entre rayuelas
en su esternón el corazón de los tréboles
sin las c-u-a-t-r-o marcas del pulgar en la frente
llevando un dinosaurio en su mochila
con la metálica andanza del tiempo
el Astrolabio desarticula la orfandad de un candado
una raya atraviesa t-r-e-s ceros


Se imagina en el moño de una anciana
donando su melena al hospicio
apoyada su quijada al bastón
suturando las arrugas
resolviendo en su habitación el axioma de lo ausente


Asiste la misma niña al desdoblamiento de sus trenzas
mide la superficie de sus lunares
sobre la vidriera una ausencia de puntos
reinventa en el pupitre el jeroglífico de sus ojos


CEREMONIA 4


antigua evidencia


A veces en el horizonte la vigilia de los minutos
incinera pelos de una capucha
mientras piso el estiércol de un disparo
exilio la infancia al tragaluz
pretenden los talones atravesar fogatas
un escarabajo hunde su estertor en la hojarasca


Y en los corazones
fragmentado el templo de la angustia
Un aguacero
rompe el fósil clavo de los cajones
escapa el expediente de antepasados a la quebrada
disminuyen las narices en un abrigo
el resfrío del amanecer desintegra la madera
adelgaza una tijera los manuscritos
ya el trigo limpia la tercera edad del rostro


CEREMONIA 5


lo opuesto al olvido


Después de los dedos
nace un receptáculo de ayeres en la mollera
de un hombre
los minutos pisotean sus uñas
un par de agujetas carcomen sus edades
la nuez desgarba su corteza
en las sandalias
a sus espaldas una tijera
oxida con sus filos el reflejo de una estrella
apegado a la evanescente ceniza
la sonoridad de un disparo
en la inerte luz de sus pestañas


y los carrizos despeinan al agua
y él duerme entre las mazorcas
abrazando la hierba
arrea el viento más hojas a la superficie del sombrero
las escenas de un niño
acuden una y otra vez a su mente
en búsqueda de la i-m-p-r-e-t-é-r-i-t-a caligrafía


CEREMONIA 6


 fosilizando el tiempo


A las seis en una estera de trigo alguien duerme
boca abajo
el tiempo
mece la arena de su nuca
ya sus ojos inflaman angustias a un muñeco
en este momento
se fracturan los extremos de la cruz
y sus clavos quedan hundidos en la mirada de un perro


Es inexorable el paso de los siglos
cuando rompo la membrana de mis ópticas
en dónde arrimar esta columna
i-n-v-e-r-t-e-b-r-a-d-a
a-d-i-t-r-e-v-n-i
y es la sinergia
de un helecho prolongando el desconcierto del atardecer
son las palabras que un día dije
decíamos
mientras unía la dentadura
resbala el efecto narcisista de un niño a la vasija
las cucarachas buscan sus cabezas en la suela de mi zapato
utópica imagen partida entre las dunas


A veces una mujer
vive la eternidad de su reflejo
luego sacude la escama de su rostro
observa cómo su hijo esconde bajo sus párpados un sedimento de negaciones
y tira del nervio de la cortina antes de reventar sus designios


CEREMONIA 7



malograda caligrafía


Repentina la escama del pez en el meridiano siglo
los ojos apegados al fuego
y eternizar el recuerdo de un disparo
sobre la planicie del agua
Apostar con la angustia debajo de una camilla
luego de atravesar el claroscuro del ajedrez
Ya entregado al astrolabio de las canas
el mar en lo cíclico del vidrio
apunto de quedar impedido en el horizonte
tildando los pies
a la vejez de la madera
un columpio abandonado ya sin sus pequeños ancestros


CEREMONIA 8


 acercamiento al fuego


En la ceremonia de los anteriores segundos
operan más siglos
inválido silencio del ojo estrábico
la composición de una vieja partitura
en la desmemoria de las tablas


Arquitecto pisotón de cumplir más años
sobre una extravagante sortija
y tener el dibujo de un tiovivo
en un cromo
el pentagrama de un acústico olvido


Fijando la mirada a las arrugas del pizarrón
retorciendo en los ojos
las carátulas de una misántropa lejanía
ausencia de rostros
en la circunferencia del tiesto
una peluca cuelga dentro del escaparate
el quilate del viento lastima un espejo de arcilla


Supongo al trébol cuando deja
la nomenclatura del tres en la hierba
Y ya caminando hacia el destiempo de los zapatos
evitando tiznarme con una primitiva huella
en cada decenio de las rieles
constelar el inframundo de una imagen


CEREMONIA 9



el caos arqueológico


Y un obispo remienda su antigua gramática en el andamio
Y el grueso albergue de la hojarasca
espesando las huellas de sus pies


Sobre la Vía Láctea el poniente
incendia la prehisteria de los puntos
dejando menos capítulos del ojo
atrás de una estatua


Un cuerno izquierdo
avienta los ceros del maíz


Todos hablan de la angustia en el tabernáculo
en la estera culmina el ocaso de un fémur


Y un decibelio menos para el labio
que atraviesa
el páramo de un rondador
Y el presentimiento del cielo
traquetea lo fecundo del agua
convulsionan las anémonas


Ortopédico de las canas
agujereando más vacío en el espejo
el impostergable hachazo de voces
ayunando sobre el descanso de un interno
cosechando dentro de una sábana el habla


Un escarabajo
artesano de algún evangelio
se dirige al rostro de las perinolas
aún los zapatos se desbaratan en una rayuela
con el dedo índice inundo el golpe de las barajas


Al mármol soplan los pentagramas de carrizo
pero un niño se trunca con los números arábigos
y retorna a su eterno dibujo
más tarde desvía del camino el manuscrito de las acuarelas.


                                  - FIN -

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Ceciely