11/01/2010


PREMONICIÓN A LAS PUERTAS
Reciente poesía ecuatoriana
(Autores nacidos a partir de 1979)

Estudio, selección y recopilación:
Freddy Ayala Plazarte







En el marco Encuentro de Jóvenes Escritores de América Latina y el Caribe Taller de escritores jóvenes del Alba, XXI Feria Internacional del Libro de La Habana-Cuba, 2012se presentó el libro auspiciado por el Departamento de Comunicación y Cultura, Editorial Universitaria, Universidad Central del Ecuador:


INTRODUCCIÓN
(extracto)

Y mientras alguien –luego de haber cumplido con el disciplinamiento de portar un informe –corre tras el bus para no retrasarse a su trabajo, para mostrarse ante los demás con una imagen de exactitud, puntualidad; y no obstante, en el radio se vierten informaciones, sobre todo político, a veces resuenan melodías musicales, sin embargo, hay abundante humo en las cortinas. 

Alguien advierte el tráfico latente en alguna avenida, y tras este descalabro de idas y ruidos de tacos, zapatos, quedan migas de pan en la mesa, una cama con las cobijas en desorden, gotas de agua que salpicaron al espejo; tintes, peinillas, aretes y correas desperdigas, y una fuerte luz que atraviesa la piel hasta los huesos como anunciando otro día; y cada vez queda más pelo en la almohada; es la invocación urbana del amanecer.

Sin embargo, más tarde, hacia el meridiano, por una esquina el viento se posa sobre la sangre de una cabeza cortada, y de pronto, otra ventisca avienta un voluptuoso cuerpo femenino: es el periódico que una señora porta entre sus manos, y en el trayecto de una vereda un hombre extiende sus brazos para recibir una moneda, hay mujeres que corren con un niño entre sus brazos, pero también, quienes portan una corbata hablan menos con el que va a su lado, y el cielo solo cambia de angustia cuando las nubes se juntan o se emplazan, parece que lloverá.

No obstante; alguien me ofrece un pequeño afiche donde está impresa la fecha de un concierto de rock, en la cual dice; , cinco dólares la entrada más el cd promocional, y antes de desprenderme de la vereda hacia la próxima calle, recuerdo haber olvidado el reloj en el cuarto. Creo que me he internado en otros tiempos, pero todos pasan rápidamente, casi nadie se detiene, a menos que un semáforo lo haga; es la travesía de la ciudad, un logaritmo de imágenes.

Hacia las seis de la tarde veo que una mujer ignora sus espejos internos y deshila su cabello para sumergirlo en el agua, a espaldas de un monte queda algo de luz y entre las lentes de un ciego oscurece, pero él tantea con su bastón en el césped la siguiente pisada. Y los niños olvidaron sus canicas en el agujero de tierra, y antes de irse, con un clavo dibujaron circunferencias. He vuelto a mi cuarto, ha pasado la medianoche, la ciudad también silencia.       

Alguien como el tiempo me ha invitado a condensar distancias y lejanías, alguien como el tiempo me ha hecho ver que ya no hay tiempo atrás de los relojes, y por esto, llevo en la memoria ausencia/ presencia de voces, sonidos, olores, formas, cuerpos, imágenes, mutismos; ¿Acaso en aquel destiempo de retornar a los rituales de lo ausente se pretende invocar al mismo ser? ¿Quizá el retorno más cotidiano y sólido sea volver a habitar en la imagen cuando el mundo físico desaparece?

Y por aquellas formas oníricas y urbanas de habitar la “realidad” es un desafío asumir la responsabilidad de visualizar la propuesta “Premonición a las puertas” Selección de la Reciente poesía ecuatoriana, elaborando perspectivas para dar enfoques acerca del panorama cultural latinoamericano/andino. Como ambivalente, complejo, ambiguo, paradójico, las ciudades latinoamericanas se han constituido desde diversos discursos entre el poder y la dominación, que dicho sea de paso, es lo que ha caracterizado al proyecto de la modernidad.

En tal perspectiva, me permito abrir un paréntesis de referencias para contextualizar la construcción de los discursos poéticos, en las temporalidades: sincrónica, diacrónica, anacrónicamente; de hecho, la poesía está en y contra el tiempo, a la vez mutando a otras dimensiones; términos fractales como memoria, urbanismo, tradición, modernidad, erotismo y profano; humor, metafísica, mitos, psicodelia, infancia, ironía, feminidad, son relatos que nos convocan a relacionar históricamente lo andino/latinoamericano. Precisamente hablar de la Reciente poesía ecuatoriana es mirar también hacia atrás.

Por una parte el escenario Abya-yala, en la América ancestral, donde las culturas primordiales, mediante la oralidad, los ritos y tradiciones, edificaron memorias, símbolos para celebrar a la Tierra, la comunión entre el runa andino  y su entorno, según Joseph Estermann, no obstante, fue vital para asimilar que había una memoria oral, donde el aborigen mediante la cosecha y el ritual encontró sentido a sus orígenes, en el pasado, en los dioses.

Sin embargo, este espacio simbólico y cosmovisión fueron violentados, extirpados tras la conquista; la colonización dio como resultado regímenes de imposición, me refiero a América Latina; pero a pesar de regímenes como la evangelización y el entrecruzamiento étnico, que dieron resultado el mestizaje, hubo una reinserción de la imagen idolátrica y resistencia al patrón hegemónico con el barroco, por tanto, el sincretismo ha sido el vínculo entre lo “autóctono” y “apropiado”.

América “Latina” y América “Andina” son dos discursos unificados y legitimados en el imaginario de las sociedades latinoamericanas.  ¿Acaso somos lo uno y lo otro? Y estos argumentos permiten mencionar el gran poema Boletín y Elegía de las Mitas del cuencano César Dávila Andrade, donde se condensa el problema racial, colonial, de reclamo al origen, y usando la categoría “heterogeneidad” de Antonio Cornejo Polar, decir que en Latinoamérica, históricamente, se ha traspuesto lo oral y la letra, donde cohabitan las diferencias.
El Quechua peruano, el Quichua ecuatorial, el Aimara en Bolivia, el Inga en Colombia, el Mapuche en Chile o el Zapoteca en México, son algunos de los dialectos que persisten, a pesar que el claroscuro llamado “progreso tecnológico-industrial” incentive a que el inglés sea el idioma estándar de difusión en instituciones educativas.

¿Acaso no debemos también reconocer nuestras memorias genéticas, ancestrales?, y bajo estos parámetros hablar de heterogeneidad es referirme también a las estéticas urbanas de la modernidad; porque la suma de estos discursos, étnicos, genéricos, urbanos, ancestrales, ideológicos, ya caracterizan histórica y culturalmente a nuestras Naciones.

Ya lo ha dicho rigorosamente Carlos Fuentes; “Todo escritor nombra al mundo, pero el escritor latinoamericano ha estado poseído de la urgencia del descubridor. Si yo no nombro, nadie nombrará. Si yo no escribo, todo será olvidado. Si todo es olvidado, dejaremos de ser”[1].

Respecto de la heterogeneidad pienso que Europa ya no está en Europa; Europa está en una calle, en un cine, como representación teatral, vitrinas de libros, en un bar de mi misma ciudad; por la vereda encuentro varios locales con iconografía extranjera, a la manera de Borges que desde su Buenos Aires escribía la hermenéutica de sus relatos en torno a mitologías islandesas o germánicas, es decir, Borges fue el más latinoamericano de su tiempo.

¿Acaso también hemos sido antropófagos en el sentido de devorar marcas, productos, imágenes de lo extranjero e integrarlo en nuestro contexto?. Actualmente la urbes son los principales escenarios para visualizar relatos como la poesía; desde la negación o afirmación, las urbes empoderan incertidumbre en el sujeto de la modernidad, ahí es donde emergen los discursos y diferencias, luchas simbólicas, y a pesar de esto, la poesía da cuenta de los mundos internos de un mismo individuo.

No obstante, lo “civilizado” y la “barbarie” conviven con el sujeto de las urbes, como dos oposiciones binarias para establecer el orden o el “caos”. Ahí, es donde se estandarizan e institucionalizan movimientos sociales-políticos. Pero la barbarie ha sido un discurso explotado para legitimar el poder, sin embargo, también ha sido un discurso para que la poesía reivindique a lo marginal, a lo que se niega en el espacio público, lo que históricamente sucedió con relatos como el indígena, la negritud.

Y si mencionamos estéticas literarias de “barbarie” (surgidas después del romanticismo) que utilizaron la poesía y pintura ya en el siglo XX, como el movimiento de la antropofagia brasileña con Oswald de Andrade y Tarsila do Amaral, usando la categoría antropofagia para reivindicar al aborigen, que en tiempos de la colonia fue exotizado y tildado como caníbal,  así mismo, irrumpió el indigenismo en revistas peruanas como Boletín Titikaka de los hermanos Peralta, Amauta de Mariátegui, o Motocicleta de Hugo Mayo en Ecuador.